Las Sesiones Telepáticas — la modalidad más distintiva del centro — las hago en colaboración con Iliana Avendaño, con quien llevo años trabajando. Iliana es una persona con un altísimo nivel de percepción y con una conexión espiritual poco común, y esa combinación es, justamente, lo que hace posible este trabajo.
Antes de contarte cómo trabajamos, quiero explicarte desde dónde parte esto, porque no es magia ni es azar.
Todos somos, en cierto sentido, un centro de información. Y estamos conectados unos con otros de formas que la vida cotidiana ya te ha mostrado, aunque no las hayas nombrado así: el vínculo de una madre con su hijo, que a la distancia piensa en él y en ese mismo instante recibe su llamada. Ese tipo de conexión no es casualidad — es un canal invisible que existe, y que a veces se nombra como conciencia colectiva. Funciona un poco como una red: si conoces la dirección, te puedes conectar a la información, igual que tu teléfono se conecta a una red wifi cuando conoce el nombre correcto.
Yo experimenté esa conexión en carne propia — esa posibilidad de ver y percibir información de otra persona más allá de lo que los sentidos alcanzan. Y esa es exactamente la conexión que hacemos con Iliana. Los dos nos sintonizamos con la persona, buscando la herida o el trauma que la llevó al síntoma que hoy la trae a consulta, para ayudarla a resolverlo. Es un trabajo profundo, que abarca el cuerpo, la mente y el alma, dentro del campo de la espiritualidad.
Juntos hemos recorrido historias muy distintas, y ayudado a muchas personas en sus procesos de sanación, tanto física como emocional. Pero, sobre todo, hemos sembrado la semilla de la consciencia en cada persona que atendemos — porque quien no comprende su historia está condenado a repetirla.
No es adivinación. No es predicción. Es un trabajo relacional profundo, sostenido en un principio simple: hay historias a las que uno no puede llegar solo, y para esas historias existe esta modalidad.